lunes, 14 de mayo de 2012

No te pido nada complicado

Ámame terriblemente.
Inyéctame en vena toda tu violencia poética,
arráncame la ropa y fóllame con descaro,
sin compasión ni remilgos,
sin pereza,
que las magulladuras duren para dar celos a otros,
y bésame después solo un poco,
que se me pegue la miel en los labios.
Róbame un cigarrillo
y lárgate antes de que te eche
para que pueda intentar echarte de menos.
Suplícame una noche más
aunque en el fondo no te importe,
hazme reír hasta que duela
y dime piropos de mentira.
Cántame canciones feas,
escríbeme poemas largos
y besa a otras cuando yo te vea.
Sacúdeme del cráneo la idea de amor romántico,
regálame un amor absurdo y esporádico, sucio,
sin planes ni promesas,
sin privatizaciones ni restaurantes,
sin boleros ni ataduras.
No me llames,
no me escribas,
no me busques,
que prefiero encontrarte yo cuando me pierda
antes que llegar a perderme
si algún día no me encuentras

martes, 17 de abril de 2012

Videojuegos de segunda

Desde aquí arriba el viento parece capaz de arrasar con todo, pero yo dejo que me balancee mientras la ropa vuela y recorre todos mis recovecos. Ante mis ojos se extiende la ciudad más allá de la ciudad, el impersonal y prediseñado suburbio con sus tiendas gourmet y sus guarderías bilingües. En el interior el parquet silencioso, los muebles de diseño sueco, las paredes asépticas y tu sueño pausado.

En mitad de todo esto contemplo mi reflejo como quien observa a un pingüino en medio de una fiesta tropical: no encajo. Demasiado poca cosa, excesivamente rara, no lo suficientemente cara, escasamente armoniosa. Me pregunto qué hago aquí, si no sería más digno agarrar mis cosas y largarme antes de que descubras que soy poco más que una intrusa y seas tú quien me invite a irme.

Me fijo en tus videojuegos y no puedo evitar reírme al sentirme una de ellos: la novedad cuyo lanzamiento coincidió con la semana más aburrida del año. Ese del que te encaprichaste tras probarlo un par de veces hasta que al final estuvo en tus manos. A pesar de no ser el tipo de juego que suele gustarte, la novedad mezclada con hastío te hacen jugar partida tras partida intensamente hasta que comiences a aburrirte y echar de menos los juegos de siempre, su calidad, los buenos gráficos, y entonces el juego experimental acabará en la estantería criando polvo. Y no lo echarás de menos, y cuando te encuentres con él te preguntarás cómo pudiste gastar en algo así tanto tiempo.

Comprendo que es absurdo y cruel compararme con algo que odio, así que deshecho de un manotazo mis pensamientos y me pincho sin querer con uno de los erizos de Schopenhauer. Finalmente decido volver a la cama, que con los tiempos que corren no viene mal un poco de calor. Y si se trata de un juego, pues que gane el mejor.
.

jueves, 5 de abril de 2012

Basura y desencuentros

Saldremos de aquí. Tarde o temprano lo lograremos, podremos escapar y dejar atrás toda esta sordera de miradas, y la ausencia de celo y la falta de ganas, las veinticuatro estrellas, el boleto perdedor, la distancia enquistada, la podredumbre rutinaria, el fetichismo barato, los restregones de portal, las sonrisas prestadas, el ron aguado, las canciones que hablan de mí y las que siempre dicen lo mismo. No volveremos a ver la misma puesta en escena en  otros escenarios, ni los mismos escenarios pero con otras escenas. Se acabarán el anís finlandés, el derrotismo español, el dramatismo acompasado, la culpabilidad cristiana, el folclore más rancio, las pisadas mal puestas. Y las bocas vacías, las batallas perdidas, las bragas intactas, los dedos callados, las nalgas gastadas, los tacones muy planos, el silencio apretado, la soledad compartida. Y las heridas que no sangran, los teléfonos que no suenan, la amalgama de labios, el sin sentido de las velas consumidas, las carreteras secundarias, el vacío de tus noches, los consejos de autoayuda, las baterías gastadas, el despecho regado, la apatía consagrada, los gatos abandonados, las coronas de flores, las absurdas baladas. Los pájaros moribundos, los aeropuertos vacíos, el tren que no llega, tu aliento en mi espalda, o en cualquier espalda. Y los relojes cansados, las brújulas sin imán, los perros sin olfato, los obispos sin fe, y los estados garantistas, las flores de plástico, los amigos de barra, tus pestañas tan largas, las cartas que nunca te envío, las raciones de hastío, las botellas de nostalgia, los vasos medio vacíos, las colillas desechadas. 
Y por fin las sobremesas serán interminables, los pintalabios muy rojos, los tangos arrastrados, los fados medievales y las penas solo las cantará Chavela. Las canciones de siempre sonarán como nunca, comeremos asado el domingo, los ríos serán caudalosos y las luciérnagas perezosas. Todos los sábados serán de pasión, y las tormentas pasajeras, la tierra mojada como la arena, regado todo de viento y de sol, y de buenas resacas, caricias eléctricas y sonrisas radioactivas. La gente aplaudirá en los aterrizajes, el cielo estará al ras del suelo, las medias serán de liguero, las naranjas enteras, el pelo cardado y el chocolate con fresas.
Pero por ahora solo nos queda seguir buscando a tientas la salida, sobreviviendo como una trucha o un canario, y construyendo con basura y desencuentros el templo donde planear el próximo paso en falso.

martes, 31 de enero de 2012

La inmortalidad de los mosquitos

Estaban tumbados en la cama, tan cerca que resultaba absurdo que ella ni siquiera recordara su nombre, así que para romper la candidez del momento espachurró de un manotazo un mosquito que jugueteaba sobre el hombro desnudo de él.

-Tiene gracia. Por más que tenga la fuerza y me crea en el derecho de aplastar así a un mosquito, no somos tan diferentes en el fondo: los dos somos igual de frágiles, absurdos y efímeros.- Puso sus manos sobre las de él solo para comparar, para cerciorarse de sus diferencias. Le gustaban aquellas manos tan grandes que parecían destinadas a la brutalidad y la torpeza.- Si quisieras tú también podrías matarme aquí y ahora, sin demasiado esfuerzo, usando solo tus manos; podrías ahogarme, partirme el cuello o golpearme la cabeza contra la mesita de noche hasta que la sangre salpicara tu cara.- Liberó una de sus manos y encendió un cigarrillo.-O podría morirme yo sola, aquí y ahora, sin venir a cuento: paro cardíaco, infarto cerebral, muerte súbita. Podría atragantarme con tu semen y morir ahogada y mal follada. Y entonces, ¿qué? Nada. No pasaría nada. La música, el cine, el sexo, las drogas, la poesía, los hospitales, los telediarios y el porno continuarían exisistiendo, sin perturbarse, viviendo y produciéndose a través de personas cuyas vidas son tan efímeras y valen tan poco como la tuya y la mía, ¿lo entiendes?

Él la miró aturdido, tal vez porque había estado demasiado concentrado en observar con detalle la forma de sus pezones o simplemente porque en ese momento no le llegaba suficiente sangre al cerebro.

-No lo sé, supongo...-Se preguntaba porqué le estaba pasando esto a él, porqué no se había encontrado a una chica de las que después del polvo reclama mimos y mentiras y no respuestas a grandes dilemas metafísicos.-¿Te importa si me quedo a dormir?

Ella aplastó el cigarrillo en el cenicero casi con desprecio y comenzó a ponerse lentamente las bragas. Pensó que por esto era mejor no traerlos a su casa, porque era más fácil irse a hurtadillas en cuanto se quedaban dormidos que echarlos cuando la cosa no daba para más.

-Lo siento, pero será mejor que te vayas.-Aunque su expresión era seria, tras los músculos faciales escondía una sonrisa. Observó desde la cama como él se movía torpemente desnudo por el dormitorio, recopilando la ropa que un par de horas antes habían esparcido por el suelo. Sin duda había sido un error de calculo compartirle la cama aunque fuera un rato. Se había dejado engatusar  por sus anchos hombros, la mandíbula poderosa y las zapatillas del 45, pero detrás de aquel conjunto armonioso de músculos y sangre no había nada que mereciera la pena conservar.

Por eso lo mejor era asustarle e incomodarle lo suficiente como para no tener que inventar una escusa con la que negarle su número de teléfono o un próximo encuentro. Aún así, antes de salir por la puerta él la miró por última vez con aire de corderito suplicante, a lo que ella respondió lanzándole un beso rojo con la punta de los dedos como señal de ultimátum. Cuando cerró la puerta, ella apagó la luz y se acurrucó bajo el edredón. Le hubiera gustado compartir la noche, pero era imposible con alguien incapaz de entender la sensación que persigue a los que constantemente esperan a un tren que no saben si quieren coger o a dónde se dirige, y que de vez en cuando piensan que tal vez lo mejor sería arrojarse a las vías en vez de volver a subir al mismo vagón de siempre.

Esa noche se cercioró de que no es el amor el elemento que consigue alejar de nuestras vidas la certeza constante de muerte, por mucho que algunos así lo prediquen. No, no es el amor, si no el sexo, pues es el sexo lo que aunque sea durante unos instantes nos acerca tanto a la muerte que consigue que nos creamos sus semejantes. Y cuando el sexo acaba y volvemos a ser mortales, el mundo retorna a su habitual forma gris y solo quedan las mentiras que nos ayudan día a día a vivir en el intento. 


Y la soledad, y el silencio.

sábado, 14 de enero de 2012

Resiliencia

Creo que me he roto. No tengo muy claro cuando ha podido pasar, ni cómo.
Tal vez comencé a romperme cuando comprendí que la idea del futuro como un lugar mejor es solo un engaño para sobrevivir a un presente de mierda. Puede que sea eso.
A lo mejor me rompí la primera vez que me vi reflejada en el cristal de separación de la sala de visitas del CIE, o en una de tantas veces que no me encuentro en el espejo. O peor aún, esas veces que me encuentro sin querer.
O en mitad de cualquier adiós disfrazado de hasta luego.
O cada vez que después del "jodida" no soy capaz de decir "pero contenta".
O sintiéndome una Casandra que se deja inútilmente la voz ante quienes han elegido ser mudos de conciencia y sufrir amnesia voluntaria.
O cualquier mañana al leer el periódico.
O con cada beso que no he dado.
O esa mañana en la que me pregunté a qué sabrán los desayunos en el fin del mundo y nadie vino conmigo a comprobarlo.
O cuando al salir de un bache me encuentro de frente con otro nuevo y más grande.
O aquella tarde en la que se podía escuchar con nitidez el goteo de la "salina fisiológica Grifols" porque el resto de los sonidos del hospital se murieron de repente.
O cada vez que es el reloj quien decide mi tiempo y el dinero quien elige mis necesidades.
No sé, a lo mejor...
El caso es que estoy casi segura de que me he roto.
Ya no funciono bien, ando toda desengrasada, desintonizada, sin cuerda.
Me tropiezo todo el tiempo y cada vez me cuesta más trabajo levantarme. Por si fuera poco, no sé de donde salen tantas zancadillas repentinas.
Las ideas se me atropellan y las palabras se me descalabran, cuando quiero decir amor me sale muerte, y si intento hacer acabo deshaciendo, y si quiero ir me quedo quieta, sin recordar para qué estoy aquí o de qué me hubiera servido poner un pie delante del otro y haber ido a ninguna parte.
Casi todo lo que toco se rompe, y lo que quiero alcanzar cada vez está más alto y yo cada vez soy más pequeñita.
El roto, para colmo, crece. A veces cruzando un semáforo se me cae la sonrisa y tardo semanas en encontrar una de repuesto, y las ganas se me van por el desagüe alegremente, atascando las tuberías y agotándome las baterías. 
Pero el colmo de los colmos es que al parecer no tengo garantía, y no hay mecánico ni piezas de repuesto ni santería o curandero capaces de arreglarme, y a mi de a poquito se me agota también la famosa capacidad de "autoregeneración".
Así que he pensado que siguiendo las normas de la sociedad de consumo, lo mejor será tirarme o venderme por piezas y comprar una nueva (seguro que ya existe una versión 2.0).
Pero para curarnos en salud vamos a esperar un poquito más, por si acaso el mito del fénix era verdad y este sabor a ceniza en todo significara que ya prontito me toca renacer.

sábado, 31 de diciembre de 2011

Hogueras

Hace poco escribí un "poema para cumpleaños, años nuevos y otras fechas poco memorables". Ahí dejaba bien claro que no me importa que sea fin de año, o año nuevo. A veces ni siquiera me importa si es lunes o viernes, las 3 o las 15h. Tengo la extraña manía de que los días se me acumulen o se me escurran los segundos, y además siempre he creído que una de las primeras mentiras de las que nos convencen es la de que ejercemos algún tipo de poder sobre el tiempo. Pura basura propagandista. El tiempo es como la muerte: se pueden elaborar mil teorías sobre ellos, usar cremas antiarrugas y complicados tratamientos que alarguen la vida un mes más, pero al final su voluntad se impone sobre cada uno de nuestros actos. Así que se me hace raro eso de felicitar el año nuevo o darle tanta importancia a 12 segundos al año y no a todos los demás. Aún así, no he podido evitar pensar en este año que según los calendarios se acaba, y en parte empecé a pensar en ello a raíz de leer este texto de Galeano:

"Un hombre del pueblo Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta, contó. Dijo que había contemplado, desde allá arriba, la vida humana. Y dijo que somos un mar de fueguitos.
El mundo es eso- reveló-. Un montón de gente, un mar de fueguitos.
Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas.
Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acercan, se enciende." (El Mundo-Eduardo Galeano)

Pues bien, aunque a estas alturas poco me importe lo de despedir o recibir el año, lo que si me parece importante para no apagarme es pensar en todas las llamas que alumbráis mi vida. Yo también he pensado muchas veces que mi mundo es como un mapa de lucecitas con distinto brillo y a distintas distancias, pero igual de importantes todas ellas. Y es que si quisiera, este año lo podría tirar a la basura, pero en realidad prefiero pensar que ha sido un buen año. Y no solo porque mi mayor aspiración o deseo hace doce meses se haya hecho real en forma de ciudad, y ahora lo de "yo me bajo en Atocha" ya no solo lo cante. Es que aunque a veces desee escapar de sus fauces y sepa que ni ahí voy a durar mucho tiempo, en realidad Madrid es de las mejores cosas que se me ha ocurrido nunca, pero eso es así sobre todo por la cantidad de fuegos que he descubierto y que ahora se suman a la gran y dispersa hoguera que ya calentaba y alumbraba mis pasos. Pero no por estar lejos olvido al resto.

Porque aunque ahora nos separen los kilómetros, para mi el 2011 han sido Antoine y mi hermana, por acogerme en la ciudad en la que nací como si realmente tuviese algo que ver conmigo, y por las cañas, los litros y las discusiones sobre psicología. También Inma por las tardes en el Morrison, y Jesús, por seguir reencontrándose conmigo cuando y donde menos me lo espero. Y Fran, por 1999 y Piedras. Ellxs, con sus llamas, consiguieron darle color y calor a una ciudad que yo me empeñaba en pintar de gris.

También Tete, Nieto y Gato, porque sin ellos no hubiese sido capaz de sobrevivir a Úbeda, y porque no solo sobreviví, si no que, aunque entonces me resistiera a verlo, viví bien. En esto también tuvieron mucho o todo que ver mi madre, Huchas, Ambrosio, Miguel, Ana y Ángela. Por aguantarme después de tantos años, por el vodka de violetas y el rummikub, por seguir aceptando y/o apoyando mis sueños por locos o inalcanzables que sean.

Y claro está, ahí siguen encendidas las llamas que me voy dejando por otras ciudades. Naza, que aunque la vida siga intentando separarnos nunca nos quitará nuestras noches malévolas. O Hanchu, que si bien lo abandoné en Málaga, sabe que no se va a librar de mi tan facilmente. Miry, Paula, Pablo, Rafa o Elena, que ya sea en Granada, en Bilbao o en el etnosur, cada mucho o cada poco, siempre están dispuestos para recordar buenos momentos y crear otros nuevos, porque a veces las hogueras se extinguen con el tiempo, pero estas son duracel.

Este 2011 también descubrí "Txokorga", y aunque estuve poco tiempo, en mi colección de hogueras incorporé a Pasku por Barbarroja y por nombrarme Presidenta Bananera, a Pipo por ser el mejor cuñao del mundo, a la Asun por sus guisos y su buen humor, a la Vane por disfrutar de mis mojitos y a todxs lxs demás por tratarme como a una más.


Y qué decir de Madrid. En Madrid cumplí el sueño de tener Nunca Jamás a la vuelta de la esquina, compartiendo noches y estrellas con mi Peter Pan particular. También descubrí a Rakel, con la que empecé perdiendo moviles para demostrarle que el centro no estaba tan mal y acabé compartiendo la casa, las comidas, las facturas, las noches, las discusiones y mucho más (porque aunque a veces se le olvide, nosotras no somos compañeras de piso).

Y luego llegó el famoso "15M". Aquí la lista se haría infinita. Esos días y noches siempre quedarán en mi memoria, pero esto no sería posible sin las personas con las que los compartí: Ana, que traía el desayuno a la misma hora que Carlota venía a que le dijéramos lo guapa que iba, justo cuando Javi, el Chino, el Gallego y yo nos despertábamos después de una noche marciana. Luego estaba Jaime y sus guardias mañaneras y sus paquetes de ducados, y Diego, experto en reinventar los juegos de cartas, y Sara, la metódica e imprescindible Sara, dispuesta a resolver cualquier duda sobre caballos o extraterrestres (gracias, Sara!). Raboso, boicoteando sus propias propuestas, y Yesi y Sol, paseando sus libros de derecho por toda la plaza, y Juan, especialista en alargar las comisiones de cañas, y Chus con la sonrisa siempre a punto, y Miren y Endika hablando a las masas. Si me lo tomo en serio la lista sería interminable: Paola,Tito, Carmen, Eric, Pepe, Jesús Bueno y Jesús Calpe, Pladul, Clara, Nico, Frede, y porqué no, Juan Grande y Argiro, que tan grandes momentos nos regalaron.

Pero la acampada ya pasó, y entonces es cuando te das cuenta de lo que realmente ganaste. Cuando alguien me pregunta que qué hemos conseguido, siempre me siento tentada a contar lo que he conseguido yo. Porque con el tiempo fui conociendo a Patricia, y ahora siempre que podemos nos compartimos CIES y cañas. También he ganado las degustaciones de vino con el Impertinente, y los cafés, los comunicados y las botellas de Bach con Carlota, y los ratitos con Sara, que por lejos que esté siempre actúa como si estuviera a la vuelta de la esquina. También gano cada vez que vuelvo a ver al Chino, a Sol, a Diego, a Ana, a Chus, a Raboso o al Gallego, porque ya sea en la sierra, un bar o una mani, consiguen alegrarme el día y reinventarme las ganas de seguir. Como Jaime y Mar, que aunque los vea poco, siempre me aportan algo nuevo y sobre todo algo bueno. Y Juan, que entre anisakis, etnosur y canciones lolailos se ha ido colando en mi vida poco a poco. Gracias a todxs por regalarme vuestra solidaridad, vuestra sabiduría y vuestra fuerza.

Los dichos populares a veces aciertan, y en este caso aplico el de "los últimos serán los primeros". Porque "indignándome" también gané a Pau, a mi boluda, que va a terminar el año a un océano de distancia, pero que sabe que ha marcado en gran medida el mio. Por las conversaciones existencialistas de cronopia esteparia, por el viaje al sur, por viajar sin movernos de casa, por sus bolsos en el salón y las borracheras tangueras. Por no dejarnos a Rakel y a mi en un burdel anarkista, que en los escritos oficiales queda mucho mejor BAB que BA. Y porque no somos ni una, ni dos, ni tres, si no tres.

Y hablando del BAB, son muchxs lxs que han pasado y seguirán pasando por él a mantener viva la llama. Manu, siempre dispuesto a limpiar después de las fiestas con las mejores bandas sonoras, y Porch, que capea igual de bien las bacanales que las resacas. El vecino, cuarto miembro desde el primer día, y Raúl, que es capaz de iluminar y darle la vuelta al rincón más oscuro del mundo. Inés, por ser la chica sexy por excelencia, y Manolo, que acabó convirtiéndose en okupa VIP, y Félix, que ha demostrado tener buen oído no solo para la guitarra si no también para las conversaciones automovilisticas. Si intento recordar todas las personas y momentos que forman parte del BAB no acabaría nunca, es una hoguera demasiado viva y dinámica, y que espero que permanezca mucho tiempo encendida.

Puede parecer excesivamente largo, pero que este recuento sea largo y aún así se quede corto y saber que seguro que me olvido a muchas personas y momentos es lo que me hace ser capaz de levantarme mañana y de transformar mis ganas de destruir y romper con todo en ganas de seguir construyendo. Porque también ha habido llamas que se han apagado o fuegos que resultaron ser de cartón piedra, y por supuesto no han faltado quienes se empeñaban en intentar apagar cualquier chispa de vida. De esos tampoco me olvido, pero los dejo en un lugar secundario. Lxs importantes sois vosotrxs, y por ello quiero daros las gracias, y si tengo que pedir algo a los próximos doce meses es que por muchas primas de riesgo y por muchos problemas que soplen, vuestra hoguera siga ardiendo con fuerza y empeño, pues vuestro fuego es el que alimenta el mio, y yo quiero seguir quemando días y noches con vostrxs muchos años más.

jueves, 15 de diciembre de 2011

La felicidad es dejar que el ramen te gotee por la barbilla

Pasadomañana el consejo de sabias
decretará si iniciar la hoguera de los calcetines
o ahogarse pausadamente en un vaso sin hielo.
O a lo peor regamos las macetas con un poco de salmiaki.
Pun, pun, pun, pun! Pank!
Te lo eructo a la cara, con premeditación y dadaismo:
comienzo a estar harta de tus macarrones con tomate,
y los demás pasajeros del vagón se quedan,
boquiabiertos y expectantes,
esperando el climax que nunca llega.


(Intento de poema surrealista)

La soledad

La soledad
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