
Mi cama sigue atada a ti.
Y esta noche dice que no me duerma, que se siente sola con tanto espacio desocupado, vacío.
Dice que quién va a cuidar y abrazar mis sueños.
Que quiere que vuelvas a dormir mientras yo finjo que estudio y te miro.
Que quiere que vuelvas a fingir que duermes para mirarme.
Pero yo desato los nudos, y apago la luz. No voy a hacerle caso a una cama barata y loca, que nunca ha sabido lo que quiere. Prefiero a la almohada. La cama se deja llevar por las emociones, se guia con el corazón. La almohada es fria y calculadora, puro razocinio y lógica. Por eso nos llevamos tan bien. (O tal vez lo que me gusta de mi almohada es que todavia huele un poquito a ti)